¿Imaginas lo emocionante que sería dejar el planeta de origen?
Los astronautas han capturado nuestra imaginación por largo tiempo, y aunque creamos saber cómo es ser uno, gracias a las diversas interpretaciones en los medios de entretenimiento, los astronautas reales te dirán que este trabajo es muy diferente. No todo son caminatas espaciales, sino que también tienen que preocuparse por aspectos como encontrar objetos perdidos que flotan y usar el baño en microgravedad.
Todo el mundo imagina que cuando se está sentado en la plataforma de lanzamiento sobre miles de litros de combustible explosivo para cohetes, se está nervioso y preocupado; pero la verdad es que los astronautas no tienen mucho que hacer durante el tiempo que tarda en transbordador en despegar.
No hay un camino directo para convertirse en astronauta. Si alguien sabe que quiere ser astronauta desde una edad temprana, necesita crear credenciales en un campo específico. Se busca personas calificadas, lo que significa que son militares de alto rendimiento o personas de la vida civil, generalmente con un título avanzado.
Para ser considerado, por ejemplo, en el programa de la NASA, los candidatos deben tener ciudadanía estadounidense, tener una maestría en un campo STEM, al menos 1000 horas de tiempo de piloto al mando en un avión, entre otras cosas.
La NASA selecciona una nueva clase de astronauta una vez cada dos años, y seleccionó solo 12 de los 18,300 solicitantes en 2017.
Los candidatos aceptados en el programa de astronautas deben completar años de entrenamiento antes de estar listos para el vuelo espacial. Gran parte de esa formación se lleva a cabo en el aula e implica aprender sobre diferentes vehículos y sistemas espaciales.
Hacer ejercicio es más que una forma de pasar el tiempo en el espacio, es esencial para la salud de un astronauta. El cuerpo humano no está acostumbrado a moverse sin la fuerza de la gravedad, por lo que todos los astronautas deben hacer de los ejercicios de resistencia parte de su rutina diaria.
Quizás el mayor cambio que experimentan los astronautas es la pérdida de huesos y músculos. Los seres humanos en la Tierra trabajan con estos sistemas todos los días, simplemente moviéndose y oponiéndose a la gravedad, pero sin la gravedad contra la cual trabajar, los huesos pierden densidad mineral y los músculos corren el riesgo de atrofiarse. Es algo que los astronautas intentan constantemente evitar que suceda. El ejercicio es una parte importante de la rutina diaria de los astronautas a bordo de la estación para prevenir la pérdida ósea y muscular. Los astronautas pueden perder hasta el 20 por ciento de su masa muscular en un vuelo espacial de 11 días debido a la falta de gravedad. En promedio, los astronautas hacen ejercicio dos horas al día. El equipo que usan es diferente al que usamos en la Tierra, ya que levantar 90 kilos en la Tierra puede suponer mucho trabajo, pero levantar ese mismo objeto en el espacio sería mucho más fácil.
La gravedad cero hace que las pesas libres sean inútiles, por lo que, en cambio, los astronautas mantienen su fuerza mediante el uso de máquinas que están especialmente diseñadas para el espacio, ya que el equipo de gimnasio normal sería inútil en microgravedad. Levantar pesas, por ejemplo, no haría mucho en el espacio, ya que las mancuernas no pesarían nada, por ello se usa una máquina ARED que utiliza dos recipientes que crean pequeños vacíos contra los que los astronautas pueden tirar con una barra larga. Esto les permite diversos ejercicios.
Los astronautas no solo deben preocuparse por los músculos y los huesos, sino que también experimentan en el espacio algo llamado “cambio de fluidos”. Sin la gravedad que empuja los fluidos corporales hacia abajo, estos se desplazan hacia el pecho y la cabeza, causando problemas con el sistema circulatorio e incluso cambios en la visión. Te sientes alto, porque creces de dos a cinco centímetros, esto se debe a la ausencia de gravedad, que hace que las vértebras se separen y que la columna se expanda, pero la gravedad cero también tiene algunas desventajas, ya que a medida que ese fluido se desplaza hacia el norte, te da un enorme dolor de cabeza. El cuerpo lo compensa y pierde aproximadamente un litro de líquido en los primeros días, lo que elimina el dolor de cabeza.
Es difícil adaptarse a la gravedad cero, y en cada vuelo esta adaptación ocurre más rápido, puesto que el cuerpo recuerda haber estado en el espacio. Pueden pasar unos días antes de que su estómago finalmente se calme y diga: "Está bien, ¿Qué hay para el almuerzo?". A pesar de su reputación, la comida espacial tiene algunos seguidores en la comunidad de astronautas que la consideran excelente, pero lo cierto es que, entre la falta de gravedad y los fluidos cambiantes, las cosas pueden tener un sabor diferente en el espacio, además, no hay forma de cocinar la comida espacial, dado que todo está cocido y luego es envasada al vacío, por lo que se agrega agua y se pone en el horno para que se caliente. No hay refrigeradores en el espacio, por ende los alimentos espaciales deben almacenarse y prepararse adecuadamente para evitar que se echen a perder, especialmente en misiones largas. Algunos alimentos se pueden comer en sus formas naturales, generalmente frutas como manzanas, naranjas y toronjas, al principio de la misión. Otros alimentos requieren agregar agua, como macarrones con queso o espaguetis.

